Política y realidad: ¡la transición energética no es sostenible!

Hay un problema evidente en la transición energética que la gente todavía no ve. Los metales y minerales necesarios son recursos limitados y no son suficientes para todas las baterías que se necesitarían para la transición.

Política y realidad: ¡la transición energética no es sostenible!

La transición energética fue la fiesta de las promesas y los discursos rimbombantes y retóricos de los políticos de toda la Unión Europea. Alguien lo definió como el único camino a seguir para la civilización humana.

Con presunción y desconociendo por completo la opinión de muchos países del mundo, nuestra clase dominante ha utilizado la transición energética como bandera política para obtener consensos electorales, difundiendo el paradigma de una energía económica e inagotable, que habría satisfecho las necesidades energéticas de un sociedad insaciable. En resumen, como si dijera “¡comidas gratis para todos y para siempre!«.

No hay comidas gratis

Pero en la naturaleza no hay comidas gratis y los ciudadanos europeos también tendrán que darse cuenta de esto.

Abrumada por la crisis de los combustibles fósiles que paraliza la economía, nuestra clase dominante continúa prometiendo impertérrita una transición energética como la solución definitiva a nuestros problemas. No es ningún secreto que la transición, a escala planetaria tal como la prevén quienes la planifican, requiere enormes cantidades de metales y minerales. Pero cualquiera que trabaje en el sector de la minería o los metales sabe que, a la fecha, la mayoría de los materiales necesarios para la transición energética ya escasean. Y esto es sólo el comienzo de los problemas de transición.

Todos los días surgen rumores desde la industria minera de que no hay suficiente cobre, litio, cobalto o níquel para todas las baterías de vehículos eléctricos que requeriría la transición. A pesar de ello, la Unión Europea procede ajena a la realidad y tan solo este mes ha prohibido la venta de coches con motor de combustión interna desde 2035.

La transición energética no nos lleva a un futuro de energías renovables

Tomemos solo el caso de las tierras raras, que son elementos indispensables para muchas aplicaciones en la vida moderna. Según MP Minerals, empresa minera del sector de las tierras raras, en 2035 no será posible satisfacer un tercio de la demanda con base en las inversiones actuales. Ya hoy, debido a la escasez de oferta, los precios están subiendo, al igual que para todos los demás sectores de productos básicos.

Según un cálculo de Barron’s, el precio de una cesta de metales para baterías de vehículos eléctricos (utilizada como benchmark) ha subido un 50% solo en el último año debido a varios factores, entre ellos las sanciones occidentales contra Rusia.

La combinación de escasez de suministro y aumento de precios, por supuesto, hace que la transición energética sea aún más costosa de lo previsto. Debido a estos metales y minerales, que son recursos naturales limitados, al igual que el petróleo y el gas natural, la transición no es hacia un futuro de energía renovable, sino hacia un futuro que podría perpetuar algunos de los peores modelos del pasado.

Muchos de los metales de batería que necesita la transición energética proceden de África, un continente pobre con tanta corrupción y gran incertidumbre política. Es también un continente actualmente amenazado por una nueva forma de colonialismo, alimentada por la transición energética.

El sucio secreto de la revolución verde

Cobus van Staden, investigador del ISouth African Institute of International Affairs, escribió que el sucio secreto de la revolución verde es su hambre insaciable de recursos de África y otras partes del planeta, que se extraen y refinan utilizando algunos de los más sucios de el mundo. El mismo investigador agrega: «El cambio acelerado a las baterías amenaza con replicar una de las dinámicas más destructivas en la historia económica global: la extracción sistemática de materias primas del sur global de una manera que ha enriquecido a los países desarrollados inimaginablemente, dejando un rastro de degradación ambiental, violaciones de los derechos humanos y subdesarrollo semipermanente en todo el mundo en desarrollo«.

Como puede atestiguar cualquier operador con experiencia en África, lo anterior es exactamente lo que están haciendo todas las empresas extranjeras en el sector minero africano en la actualidad. Por otro lado, toda la lógica de la carrera del metal por las baterías es garantizar la prosperidad en Europa y ciertamente no en África.

Políticos incapaces de decidir en temas energéticos

Afortunadamente, gracias a la crisis energética que nos azota, ya no es un tabú plantear dudas sobre las transiciones energéticas y las falsas promesas de nuestros políticos.

A medida que empeora la crisis energética en Europa, más y más personas se darán cuenta en su propia piel de que nuestra clase dominante no está preparada y es incompetente en cuestiones energéticas. La diferencia entre las promesas y la realidad será más clara, mientras que los políticos europeos tendrán que admitir sus errores. Solo así será posible recalibrar los objetivos y tiempos de una transición energética que tenga en cuenta la realidad y no los sueños.

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