Las paradojas del gas en Europa mientras que los precios suben

Los precios del gas han alcanzado los 300 euros el megavatio hora. Mientras tanto, las contradicciones y paradojas dentro de Europa se hacen cada vez más evidentes.

Las paradojas del gas en Europa mientras que los precios suben

El salto del precio del gas en Europa más allá de los 250 euros el megavatio hora (hoy 25 de agosto estamos a 300,50 euros) empieza a asustar hasta a los menos pesimistas. El precio subió aún más rápido y más violentamente de lo que había previsto Gazprom, el proveedor de gas ruso.

Los traders se apresuraron a comprar gas la semana pasada cuando se conoció la noticia de que Gazprom cortaría por completo el transporte de gas a través de Nord Stream durante tres días, del 31 de agosto al 2 de septiembre. La causa sería la reparación programada de la única unidad de bombeo de gas en funcionamiento en la estación de Portovaya.

Pronósticos de precios aterradores

Ahora, las aterradoras pero muchos consideradas fantasiosas previsiones de un precio del gas estable en 350 euros podrían hacerse realidad. Los niveles de hoy, así como los previstos para los próximos meses, no tienen precedentes desde que existe el intercambio de gases en Europa.

Según los expertos, además de las sanciones que Occidente ha impuesto a Rusia y la guerra en Ucrania, existen otros factores que están agravando la situación. La alta demanda de GNL en Asia, la reducción de la oferta de los principales proveedores y la baja capacidad de almacenamiento en Europa tras un invierno frío y un verano caluroso.

En Alemania, hay quienes piden la apertura de Nord Stream 2

En un contexto tan difícil, los partidarios de la idea de abrir Nord Stream 2, el nuevo gasoducto ruso que nunca entró en funcionamiento por el deseo europeo de no autorizarlo, empiezan a ganar voz en Alemania, como represalia contra Rusia. El mes pasado, Vladimir Putin dijo que estaba dispuesto a enviar gas a Alemania a través de Nord Stream 2, aumentando también los volúmenes de gas previstos para los alemanes. Pero Berlín ha preferido mantenerse inflexible en su posición, negándose a abrir los grifos del nuevo oleoducto.

En Alemania crece día a día la preocupación por los graves daños al sistema industrial ya la estabilidad social del país a causa de la crisis energética.

Actualmente, la Unión Europea (UE) está haciendo todo lo posible para limitar los ingresos financieros de Rusia de las exportaciones de petróleo y gas natural.  El embargo a la compra de petróleo ruso y la negativa de las empresas occidentales a comprar gas ruso no produjeron los efectos deseados. De hecho, como bien sabe cualquier trader de materias primas, las materias primas no tienen ideología ni bandera política sino sólo un precio más o menos conveniente. Es por eso que Rusia no ha tenido mayores problemas para encontrar nuevos clientes para su petróleo y gas natural. Simplemente descontó los precios (los traders lo llaman «prima de sanciones”).

Dos enfoques muy diferentes

En todo esto, es interesante notar una diferencia sustancial en el enfoque de los problemas entre Bruselas y Moscú. Hasta ahora, los tomadores de decisiones europeos han preferido un enfoque ideológico e intransigente, mientras que Gasprom (la empresa estatal rusa que gestiona el gas) ha mantenido una línea pragmática y flexible, siempre con el objetivo de defender los intereses rusos pero abierta a compromisos comerciales.

Prueba de ello es lo ocurrido en Moldavia donde Moldovagaz, la empresa de gas moldava, pidió retrasar los pagos de los suministros de agosto, sin perjuicio de los acuerdos contractuales. Esta semana se supo que Gazprom ha aceptado el cambio al 1 de septiembre del pago anticipado para las entregas de agosto.

Hace meses que Moldavia apenas consigue reunir los fondos para pagar el gas ruso después de que el pasado mes de octubre, tras largas negociaciones, se ampliara por 5 años el contrato de suministro de gas entre Gazprom y Moldovagaz.

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