Otra fundición de aluminio en problemas. Slovalco reduce la producción

La fundición de aluminio eslovaca Slovalco, de propiedad mayoritaria de Norsk Hydro, también se ve afectada por los altos costos de la electricidad.

Otra fundición de aluminio en problemas. Slovalco reduce la producción

La línea de fundiciones que cierran producción se alarga, mientras que la disponibilidad física del metal se acorta.

Esta vez es la fundición de aluminio eslovaca Slovalco, propiedad de Norsk Hydro, la que ha reducido aún más su producción a alrededor del 60%. Las razones son los altos costes de la electricidad y los derechos de emisión, así como la falta de ayudas gubernamentales. Según Reuters, los recortes de producción en cuestión deberían persistir a lo largo de 2022.

Existe el riesgo de un cierre total y definitivo

El consejero delegado de la compañía ha señalado que los precios de la electricidad para el próximo año son de 150 euros el megavatio hora, 3 veces más que el año pasado. Si la fundición siguiera produciendo, generaría una pérdida de decenas de millones de euros. De hecho, el riesgo de un cierre completo de todo el negocio es muy alto.

Slovalco, con una capacidad anual de 175.000 toneladas, es la única gran fundición de aluminio de Europa Central. La empresa emplea a más de 450 personas, mientras que considerando las industrias afines existen otros 2.500 puestos de trabajo directamente vinculados a la operación de la fundición. Por el momento, aún no se han tomado decisiones sobre el futuro de la fuerza laboral.

Cabe recordar que hace unos años, en 2019, Slovalco ya había reducido su capacidad al 80% por la menor demanda y, a la fecha, la producción aún no había logrado recuperarse.

Una sangría dramática de fundiciones y plantas químicas

Como es bien sabido, los problemas que han afectado a Slovalco son comunes a un gran número de empresas europeas, especialmente a las que más utilizan la energía. Las fundiciones, las plantas químicas y otras industrias están cerrando parte o la totalidad de su producción debido al aumento de los costes de la electricidad y el gas natural en toda Europa.

Las consecuencias de lo que está pasando pueden ser muy graves para toda la economía del continente, tanto a corto como a largo plazo. Paradójicamente, la opinión pública europea no parece dar mucho peso a esta situación, como si estuviera más preocupada por el cierre de restaurantes o discotecas (debido a una pandemia) que por el cierre de empresas que constituyen la columna vertebral y el eje estratégico de nuestra sociedad.

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