El 2025 ha marcado un punto de inflexión histórico para el platino. A partir del segundo trimestre, las cotizaciones emprendieron una trayectoria fuertemente alcista, cerrando el año con un salto superior al 100% y superando el umbral de los 2.500 dólares la onza a finales de diciembre. Un resultado que convirtió al platino en el segundo metal con mejor desempeño del año, después de la plata, devolviéndolo al centro de la atención de inversores y analistas.
Detrás de esta carrera no hay un único factor, sino la convergencia de dinámicas industriales, financieras y estructurales que siguen influyendo en el mercado también en 2026.
El sector automotriz sigue siendo el pilar de la demanda
La industria automotriz continúa representando la principal fuente de demanda de platino, absorbiendo alrededor de la mitad del consumo global. El metal, junto con el paladio, es un componente clave de los catalizadores utilizados para reducir las emisiones nocivas de los vehículos con motor de combustión interna. La posibilidad de sustituir uno por otro en función de los precios hace que ambos metales sean particularmente sensibles a los ciclos industriales.
Según las estimaciones más recientes del World Platinum Investment Council (WPIC), sin embargo, la demanda del sector automotor está destinada a reducirse. En 2025 se espera una caída del 3% hasta 3,02 millones de onzas, seguida de un descenso similar adicional en 2026, hasta 2,915 millones de onzas. El principal motivo es la transición gradual hacia los vehículos eléctricos.
A pesar de ello, el impacto de la movilidad eléctrica en el mercado del platino sigue siendo contenido. Las previsiones indican que, considerando conjuntamente platino y paladio, el descenso de la demanda automotriz en los próximos cinco años debería situarse en una tasa anual compuesta de apenas el 1,7%, un ritmo considerado moderado por los analistas.
Hidrógeno y tecnologías limpias: un motor de crecimiento a largo plazo
Junto al automotive tradicional, el platino encuentra un espacio creciente en las tecnologías vinculadas a la transición energética. El metal es un catalizador esencial tanto en las pilas de combustible como en los electrolizadores de membrana polimérica (PEM), utilizados respectivamente para producir electricidad a partir de hidrógeno y para generar hidrógeno mediante electricidad.
Actualmente, la contribución de este segmento a la demanda total sigue siendo limitada, pero las perspectivas de crecimiento son significativas. Las estimaciones del WPIC indican que para 2029 los vehículos eléctricos de pila de combustible podrían representar alrededor del 3% de la demanda automotriz de platino, una cuota reducida, pero aun así positiva en un contexto de descarbonización progresiva.
Según los escenarios compartidos por el WPIC y la Agencia Internacional de la Energía, si los proyectos de hidrógeno avanzan según lo previsto, la capacidad global de electrólisis podría expandirse de forma relevante en la segunda mitad de la década, apoyando aún más la demanda de platino.
El regreso del platino como valor refugio
Pero el rally de 2025 no fue impulsado solo por la industria. El cambio de rumbo de la política monetaria estadounidense, con el inicio de los recortes de tipos por parte de la Federal Reserve (FED), ha reforzado el atractivo de los metales preciosos como instrumentos de protección del capital.
En este contexto, el platino se ha beneficiado de su papel como alternativa más accesible al oro, que cotiza en máximos históricos. El WPIC prevé que, pese a una caída de la demanda total del 5% en 2025 hasta 7,82 millones de onzas, el componente ligado a la inversión aumentará un 6%, alcanzando las 742.000 onzas.
Particularmente relevante es la contribución de China, donde el mercado de lingotes y monedas de platino ha crecido rápidamente desde 2019, hasta convertirse en el mayor del mundo para productos de inversión vinculados a este metal. Una dinámica que, aunque se desacelera, podría continuar también en 2026.
Oferta bajo presión y déficit estructural
El verdadero motor del alza de los precios sigue siendo, sin embargo, el lado de la oferta. En 2025 el mercado del platino está destinado a registrar un déficit superior a 692.000 onzas, el tercero consecutivo. Frente a una demanda sostenida, la producción refinada debería descender un 5% hasta 5,51 millones de onzas, mientras que el reciclaje, aunque crece un 7% hasta 1,619 millones de onzas, no es suficiente para cerrar la brecha.
La concentración geográfica de la producción amplifica las criticidades. Más del 70% del platino mundial procede de Sudáfrica, seguida de Zimbabue y Rusia. Problemas estructurales como apagones eléctricos, aumento de costes, lluvias intensas y el progresivo agotamiento de los yacimientos han limitado la capacidad de las minas para responder rápidamente a precios más altos.
El resultado es una reducción de la oferta total del 2% en 2025, estimada en 7,404 millones de onzas.
Un posible superávit en 2026, pero con muchas incógnitas
Para 2026 el WPIC prevé un cambio de tendencia, con un aumento de la oferta del 4% hasta alrededor de 7,4 millones de onzas y un surplus marginal de apenas 20.000 onzas. Una cifra definida como minúscula por los analistas, sobre todo si se compara con el exceso de más de un millón de onzas registrado en 2022.
Este frágil equilibrio depende de supuestos concretos: una toma de beneficios significativa por parte de los ETF de platino y la liberación de existencias de las reservas del CME. Si tan solo una de estas condiciones no se materializara, el mercado podría volver rápidamente al déficit, con un desequilibrio cercano a las 400.000 onzas.
Además, el aumento de los precios no garantiza una rápida expansión de la producción, ya que las minas de platino son en su mayoría profundas y subterráneas, poco flexibles y difíciles de ampliar en el corto plazo.
Las perspectivas de precios para 2026
De cara a 2026, los analistas coinciden en un escenario de precios todavía sostenidos. Las estimaciones más prudentes sitúan al platino en una franja comprendida entre 1.550 y 1.670 dólares la onza, con la posibilidad de nuevos picos en caso de nuevos shock de oferta. En un escenario más favorable, con políticas monetarias acomodaticias y flujos de capital rotando desde los metales más caros, no se descarta un regreso hacia el área de los 1.800-2.000 dólares la onza.
No obstante, la volatilidad sigue siendo elevada. Con el platino en máximos plurianuales y un contexto macroeconómico incierto, no pueden excluirse eventuales correcciones técnicas. Así, 2026 se perfila como un año de equilibrio inestable, en el que una demanda estructuralmente sólida y una oferta rígida seguirán sosteniendo un mercado bajo tensión.
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