El 80% del hierro europeo corre el riesgo de detenerse por los hundimientos en la mina de Kiruna

La ciudad sueca de Kiruna, de donde procede cerca del 80% del mineral de hierro extraído en la Unión Europea, se encuentra en el centro de una crisis silenciosa.

Europa corre el riesgo de quedarse repentinamente desprotegida en una materia prima esencial como el hierro. No por escasez geológica, sino por una combinación de factores industriales, urbanos y estratégicos que están poniendo bajo presión el corazón de la producción europea. En el centro de esta fragilidad se encuentra Kiruna, en el norte de Suecia, un nombre poco conocido por el gran público pero crucial para toda la cadena siderúrgica de la Unión Europea.

Kiruna, el pilar oculto del hierro europeo

Kiruna alberga la mina subterránea de hierro más grande del mundo y, sobre todo, representa una fuente insustituible para la industria europea. De aquí procede aproximadamente el 80% del mineral de hierro extraído dentro de la Unión. Una concentración tan elevada hace evidente el riesgo sistémico: cualquier problema operativo o estructural en esta zona se refleja inmediatamente en el suministro continental.

En los últimos años, sin embargo, la expansión de la mina ha provocado consecuencias imprevistas. El avance de las galerías subterráneas ha incrementado de forma significativa el riesgo de hundimientos del terreno, obligando a las autoridades a tomar una decisión drástica: trasladar progresivamente la ciudad.

Una ciudad que se mueve, una cadena que tiembla

Kiruna no es un simple núcleo urbano junto a una mina, sino una ciudad que ha crecido junto a la actividad extractiva durante más de un siglo. Hoy, sin embargo, esta simbiosis se está transformando en una pesadilla. Miles de residentes ya han sido evacuados y el traslado de barrios enteros está en marcha. El nuevo asentamiento urbano, construido a unos tres kilómetros de distancia, no estará terminado antes de 2035.

Mientras tanto, la operatividad minera debe convivir con un proceso logístico y social de enorme complejidad. Aunque la producción no se ha interrumpido oficialmente, el contexto es frágil. Retrasos, restricciones de seguridad y costes crecientes corren el riesgo de limitar la extracción justo cuando Europa necesitaría certezas en el suministro.

El coste de la estabilidad y el precio de la incertidumbre

La empresa minera estatal LKAB ha previsto un compromiso financiero de miles de millones de dólares en compensaciones, nuevas viviendas e infraestructuras. Es un esfuerzo necesario para garantizar la continuidad productiva, pero que absorbe recursos y atención directiva. El traslado de edificios simbólicos, como la histórica iglesia de la ciudad, ha hecho visible un proceso que, entre bastidores, afecta a miles de familias y a todo un sistema industrial.

Para la Unión Europea, el problema va más allá de las fronteras suecas. La dependencia de un único gran polo extractivo interno expone a la industria siderúrgica europea a choques repentinos, en un momento histórico ya marcado por tensiones geopolíticas e inestabilidad de las cadenas de suministro globales.

Hierro y materias primas críticas: una contradicción europea

Paradójicamente, mientras Kiruna se convierte en símbolo de la vulnerabilidad del hierro europeo, la misma zona ha sido señalada como estratégica para nuevos recursos, en particular las tierras raras. Bruselas aspira a aumentar la autosuficiencia en materias primas críticas, fijando objetivos ambiciosos para 2030. Sin embargo, esta estrategia corre el riesgo de chocar con una realidad más inmediata, ya que sin hierro la transición industrial y tecnológica europea pierde uno de sus pilares fundamentales.

Acero, infraestructuras, energía, defensa y automotive dependen de un flujo estable de mineral. Si Kiruna se ralentiza o encuentra obstáculos estructurales, Europa podría verse obligada a aumentar las importaciones desde terceros países, reduciendo precisamente esa autonomía que las políticas comunitarias buscan reforzar.

Una emergencia silenciosa para la industria europea

El caso Kiruna demuestra que el riesgo para la Unión no es solo teórico. La combinación de factores ambientales, urbanos e industriales hace real el escenario de una escasez interna de hierro. No se trata de un colapso inmediato, sino de una fragilidad creciente que exige atención política e industrial.

Garantizar la continuidad de la producción, diversificar las fuentes internas y planificar alternativas creíbles ya no es solo una elección estratégica, sino una necesidad. Porque sin hierro, el proyecto industrial europeo corre el riesgo de quedarse sin cimientos.

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